ser valiente.


Una de las virtudes que más valoro en las personas es la valentía. 

Ser consciente de lo que te pasa y luchar por ello o contra ello con tu espada y tu escudo, me parece una característica increíble del ser humano, porque los animales no tienen capacidad de pensar en el futuro ni en las consecuencias de cada combate, y porque las batallas importantes, son aquellas en las que te enfrentas contigo mismo. 

Confiar en ti mismo, en tus posibilidades y entrar en la batalla me parece una cualidad que cada vez escasea más en nuestra sociedad; quizás sea porque ahora se lucha en silencio y las batallas más sonoras nos hablan de hechos y no de vidas, como la tuya y la mía. O quizás sea, porque la frase de “más vale una retirada a tiempo..” va calando ante la multitud de posibilidades que nos ofrecen de tirar la toalla.



Quizás por ello, cuando reconozco esta virtud en los que me rodean, me hacen sentir más fuerte y más segura sintiéndolos cerca. Confiar en uno mismo, y tener la seguridad de que Dios está contigo, creo que ayuda a agarrar con más fuerza el escudo y enfrentarte a aquello que temes, aunque sólo pueda verlo un médico especialista o un buscador de sueños, porque luchar consiste en enfrentarte a tus miedos, y en verdad, como dice Ismael Serrano, “la única lucha que se pierde, es la que se abandona”.


Yo tuve un buen Maestro que me enseñó como se comporta un verdadero Caballero, tenga o no, la armadura oxidada, frente a cada asalto. Y creo que aprendimos la lección, no sólo yo, si no toda la familia. Hoy veo luchas parecidas y me veo a mí en aquel momento, aprendiendo con hechos y luchando como una jabata.
Ahora me miro al espejo y me veo con el escudo puesto, no vaya a ser que necesites refuerzos y no esté preparada.

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